La producción lechera necesita agua para la limpieza de instalaciones, lavado de equipos, higiene de las áreas de ordeñe y muchas otras actividades cotidianas.
Pero hay una pregunta que resulta cada vez más importante:
¿Qué sucede con esa agua después de utilizarla? La gestión de las aguas residuales constituye un aspecto relevante dentro de la infraestructura de un establecimiento lechero, no se trata simplemente de conducir el efluente hacia otro lugar, es necesario conocer qué contiene, cuánto se genera y cuál es la alternativa de tratamiento más adecuada para las características particulares del establecimiento. Por eso, diseñar correctamente un sistema de tratamiento comienza mucho antes de elegir un equipo.
No todos los efluentes de un tambo son iguales
Uno de los errores que pueden cometerse al proyectar una solución de tratamiento es comenzar por la tecnología, el primer paso debería ser conocer el efluente.
La metodología presentada por Rumbos Ingeniería y Servicios para el tratamiento de aguas residuales en tambos considera una secuencia fundamental, identificar los puntos donde se genera el agua residual, determinar el caudal, caracterizar el efluente y, recién entonces, definir las distintas etapas de tratamiento.
¿Por qué es tan importante?
Porque el agua residual puede contener diferentes proporciones de sólidos orgánicos e inorgánicos, materiales solubles e insolubles y componentes biodegradables y no biodegradables, por lo tanto, dos establecimientos pueden necesitar soluciones diferentes aun cuando ambos se dediquen a la producción lechera.
1. Identificar dónde se genera el agua residual
Antes de pensar en el tratamiento conviene realizar un relevamiento del establecimiento, ¿Dónde se utiliza el agua? ¿En qué operaciones se genera el efluente? ¿Todos los flujos necesitan recibir el mismo tratamiento?
Este análisis permite comprender mejor el circuito del agua y evitar que el sistema se diseñe únicamente sobre estimaciones generales pero también puede ayudar a detectar oportunidades para mejorar la gestión del recurso desde su origen.
2. Determinar cuánto efluente se genera
El siguiente factor es el caudal, el volumen de agua residual que debe tratarse condiciona directamente el dimensionamiento de la infraestructura.
Pero conocer únicamente los litros o metros cúbicos generados no es suficiente, dos efluentes con el mismo volumen pueden presentar cargas contaminantes muy diferentes, por eso, caudal y caracterización deben analizarse conjuntamente.
3. Caracterizar el efluente
Aquí comienza una de las etapas más importantes del proyecto, la caracterización permite determinar qué debe remover o transformar el sistema de tratamiento y establecer las condiciones de diseño.
Entre los parámetros que pueden ser relevantes se encuentran la materia orgánica, los sólidos suspendidos, grasas y aceites y nutrientes, entre otros, dependiendo de las características del establecimiento y del destino previsto para el agua tratada.
En Rumbos Ingeniería y Servicios, por ejemplo, contemplamos para el dimensionamiento variables relacionadas con DBO5, sólidos suspendidos totales y grasas y aceites, además de la producción y concentración de lodos.
Esto explica por qué un sistema de tratamiento no debería seleccionarse solamente a partir de una tabla de capacidades, primero se estudia el agua, después se diseña la solución.
4. Separar los sólidos antes del tratamiento
En los efluentes de establecimientos agropecuarios, la presencia de sólidos puede representar una parte importante de la carga que deberá gestionar el sistema, por eso, la separación de sólidos puede constituir una etapa previa al tratamiento biológico.
Reducir adecuadamente la cantidad de sólidos que continúa hacia las siguientes etapas permite que cada componente del sistema cumpla la función para la cual fue diseñado.
5. ¿Tratamiento anaeróbico o aeróbico?
Una vez conocidas las características del efluente puede definirse el proceso biológico más apropiado.
Los tratamientos anaeróbicos se desarrollan sin presencia de oxígeno, mientras que los aeróbicos incorporan oxígeno para favorecer la actividad de determinados microorganismos responsables de degradar la materia orgánica.
La elección entre tecnologías no debería plantearse simplemente como “cuál es mejor”.
La pregunta correcta es: ¿Cuál responde mejor a las características del efluente, al espacio disponible, a los objetivos de tratamiento y a las condiciones de operación del establecimiento?
6. Pensar qué ocurrirá con el agua después del tratamiento
Existe otra decisión que debería formar parte del proyecto desde el principio, el destino final del efluente tratado.
Si el objetivo del tratamiento es el reúso esto puede cambiar la manera de pensar el tratamiento. En lugar de considerar al agua residual únicamente como algo que debe eliminarse, podemos empezar a verla como un recurso que, después de recibir el tratamiento adecuado, puede tener una segunda vida, siempre que la calidad alcanzada, el uso previsto y la normativa aplicable lo permitan.
El tratamiento comienza con un buen diagnóstico
No existe una única solución para todos los tambos, el tamaño del establecimiento, el consumo de agua, la carga orgánica, los sólidos presentes, las variaciones de producción, el espacio disponible y el destino del efluente tratado son algunos de los factores que pueden modificar completamente el diseño.
Por eso, antes de preguntar “¿Qué equipo necesito?”
conviene responder “¿Qué agua necesito tratar?”
En Rumbos Ingeniería y Servicios analizamos las características particulares de cada proyecto para desarrollar soluciones de tratamiento adaptadas a las necesidades del establecimiento.

